Revolucionarios de salón: burgueses, dictadores, tontos aburridos o seguidores de intereses ocultos

Es de burgués….

  • Querer echar a los que vienen de fuera o separar lo que tú consideras “tu” tierra.
  • Considerar que algo te pertenece simplemente porque has nacido ahí o has llegado antes.
  • Defender que no todo el mundo pueda viajar, y menos que venga a molestarte (¿el  low-cost no había venido a democratizar el turismo?).
  • Querer imponer una manera de pensar o de comportarte a los demás porque, claro, la tuya es la correcta.

Es de dictador autoritario….

  • Querer imponer una manera de pensar mediante la violencia.
  • Fomentar las –fobias (al turismo, al extranjero, al distinto).
  • Fundamentar una idea sólo en oponerse a otras.
  • Querer institucionalizar el pucherazo dirimiendo cuestiones fundamentales en elecciones con una simple mayoría simple (¿un 50,0001% vale?) cuando en lo importante las mayorías deben ser aplastantes (los votantes son distintos dentro de un año, de 5, de 10, etc.).
  • Querer ganar libertades prohibiendo lo que no te gusta (o no te conviene), limitando los derechos de los demás.

Es de tonto (autoconvencido o arrastrado por intereses ocultos)…

  • Apuntarse a la primera moda que se le ocurra al dirigente de cualquier reunión (llámese botellona, convención o asamblea).
  • Creerse cualquier historia masticada y deglutida en vez de leer, aprender y pensar.
  • Buscar una utopía que nunca ha funcionado.
  • Atacar a una gallina de huevos de oro, o morder una mano que te da o puede darte, directa o indirectamente, de comer.
  • Hacer revoluciones de salón luchando contra conceptos resucitados de otro tiempo y de otra economía y que la mayoría no existen ya en nuestra sociedad (lucha de clases, clase obrera, fuerza de trabajo, capataces o patrones).

Y, sobre todo, mi idea fundamental del tema: Se puede entender que alguien sea independentista, soberanista, nacionalista, antigüista, modernista, rancio, de derechas, de izquierdas, de arriba, de abajo, del centro o de lo que quieras… pero lo que no se debe ser en esta vida es un pesado.

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Contradicciones: más allá de la cortina de humo

Ante algunas afirmaciones recogidas de titulares de medios de comunicación convendría pararse y ver más allá de la superficie para ver realmente qué pueden estar diciendo. Por ejemplo:

  • «Los mejores resultados de la historia del partido político … en la región … se consiguieron con financiación irregular».
    • Superficie: una denuncia de la financiación ilegal.
    • Fondo: se deja claro que los electores son tontos y fáciles de engañar, pues en las campañas y en la política actuales tiene más importancia el dinero que las ideas.
  • «Los radares del Puente … cazan a 43.000 conductores, cinco veces más que el año anterior».
    • Superficie: cuánto corren…
    • Fondo: si la cifra de accidentes en tal lugar no crece en la misma proporción, ¿no será que el puente está mal construido?, ¿ o que la velocidad permitida está mal puesta? ¿Seguridad o recaudación?
  • «Por norma, en los centros educativos de … ya no se puede decir en el aula “los andaluces” sino “población andaluza”».
    • Superficie: cómo cuidamos la igualdad…
    • Fondo: 1. Es más fácil maquillar el exterior que luchar contra el problema de base, la igualdad; el lenguaje es un reflejo de la realidad. Por otro lado, es una contradicción difícilmente aceptable imponer una (supuesta) libertad prohibiendo, adoctrinando y recortando libertades, en este caso la de expresión. Eso es lo que hacen los que se creen en posesión de la (única) verdad.
    • Reflexión: ¿No será más efectivo emplear el tiempo y los recursos en una buena enseñanza del idioma (el propio y los extranjeros) que en re-enseñar a hablar?

Detrás de la aparente obviedad hay una realidad escondida que no conviene. Un ejemplo es la reacción ante una carretera con baches: es más rápido y barato poner una señal de advertencia (o de prohibición) que arreglarlos.

Es mucho más fácil controlar una población que tenga un pensamiento único, que hable uniformemente y que pierda el tiempo enmarañado en minucias sin importancia o en debates de salón. Cada vez que releo los principios de la propaganda de Goebbles (http://historiasladob.blogspot.com.es/2014/12/los-11-principios-de-la-propaganda-por.html) me echo a temblar: me resultan demasiado familiares.

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Estampas de otro fútbol III: Cádiz C.F. (liga 81-82)

Sigo con la serie gráfica de las estampas de fútbol de mi niñez y que aún conservo.

En esta ocasión el verdadero submarino amarillo. Un equipo con personalidad propia y que se merece estar más arriba de donde está. Como dijeron los Hermanos Pepperoni, “me han dicho que el amarillo…”

P.D.: Hacer clic en las imágenes para verlas más grandes.

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Las lágrimas de Banderas

Banderas-Goya (rtve.es)Alguien en la mayor cúspide de la fama y de una carrera profesional.

Alguien envidiado por su genética, por su inteligencia, por su humanidad y por su sinceridad desbordante con la que siempre aparece. Tan desbordante que a veces parece difícil que pueda ser de verdad, pero seguramente lo sea (digo esto por la lejanía de no tratarlo personalmente, claro).

Alguien que es capaz de codearse con total naturalidad con gentes de cualquier condición, incluso en los niveles más exclusivos e inaccesibles.

Alguien que recoge una distinción que lo encumbra entre sus compañeros de profesión, en una profesión tan competitiva (aunque el glamour del brillo de las sedas intente esconderla).

Alguien tan acostumbrado a controlar cada uno de sus gestos (es su profesión).

Pues alguien así no ha sido capaz de resistir las lágrimas y de casi derrumbarse cuando le pide perdón a su hija por sus ausencias. A pesar de que esas ausencias (las profesionales) le han hecho tan grande y que toda esa grandeza seguramente la haya dedicado en su mayor parte a su hija.

En mi caso, mis padres son también así de grandes y no por ser actores ni mundialmente famosos. Supongo que habrá muchos y muchos padres así, pero hoy me toca hablar de lo particular, de lo mío. Ellos, que el año pasado celebraron 50 años casados y este año cumplen 80 años de vida, tienen la grandeza que lloró Banderas, porque nunca tendrán que pedir perdón por sus ausencias.

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Una situación laboral: Teoría (o abuso) de las lentejas

Lentejas ¿o piedras? Foto: gokoroko.En estos días algo bloquea mi mente y mueve mi ánimo más de lo que debería. Se trata de una situación que más que laboral se trata de justicia. Y antes de que la indignación contamine mis palabras, voy a convertirlas en carta contada en primera persona:

«Parto de la base de que una empresa, funcionalmente hablando, es una dictadura, aún más cuando hay un solo jefe. Pero tengo la duda de que si cabe el derecho a hablar, a ser escuchado, aunque esta voz no suponga voto. El derecho a réplica se llama. El derecho a sentir mi pequeña cuota de consideración dentro de un equipo. El derecho a que quien decide arbitrariamente perjuicios para mí me lo diga a la cara, de persona a persona, y no ser tratado como una mercancía o como carne de cañón de una absurda partida de ajedrez.

Como simple hormiga trabajadora sé que n0 puedo influir en las decisiones que me afectan, pero espero no haber llegado al punto de no ser merecedor siquiera de conocer por qué se toman, sobre todo si empeoran la situación laboral (particular y colectiva) y afectan al resto de los ámbitos de mi vida. Para mí, no sé para los demás, 35 no es igual a 38, media hora diaria de mi vida es importante. Es hacer más o menos vida fuera del trabajo, es limpiar mi mente para poder volver al día siguiente a trabajar con la misma entereza y esfuerzo.

El esfuerzo por el trabajo es como el valor del soldado, se presupone y aquí se ha demostrado constantemente. El sobreesfuerzo hay que merecerlo. La motivación es como la amistad, no se impone, hay que ganársela.

Me gustaría saber por qué no se respetan acuerdos previos, cambiando siempre a peor, con la excusa de que “la cosa está muy mala”.  Cuando se usa como argumento el “mira cómo está la calle”, creo que es normal interpretar como una amenaza que se despida a algún compañero sin previo aviso ni explicación posterior. Y que ante una continua merma de la situación laboral que ha ido construyéndose poco a poco en tantos años de entrega y experiencia, ni siquiera se vea normal estar descontento.

No puede estarse feliz cuando tras una misma situación se premia al que está arriba a la vez que se castiga a los de abajo. Desde arriba siempre se pide todo y se da nada. Y a dar no sólo me refiero a dinero. En fin, casi ni me atrevo a hablar de dinero cuando se nos escatima, se nos rebaja con una mano y con otra se gasta en asuntos innecesarios. Por otro lado, no entiendo por qué se hace esto con una plantilla que, además, nunca ha escatimado una hora y nunca ha dejado desguarnecido el trabajo encomendado (aunque éste rebasara los límites de la lógica).

Y para terminar, me gustaría saber por qué los jefes siempre usan la comparación con los que están abajo y nunca, por ejemplo, con ellos mismos. Claro, así saldrían muchas vergüenzas al aire.

La respuesta, cuando la hay, es siempre la misma: “Son lentejas, o las tomas o las dejas”. En otro tiempo en los paquetes de lentejas había siempre alguna piedra. Pues ahora nos están dando un montón de piedras y tenemos que contentarnos con buscar la lenteja. Y muchas veces, no está.»

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“La Grande Bellezza” o, dicho de otra manera, “L’Osservatore Romano”, y no me refiero al periódico

Cartel de la película

O una historia más del fabuloso teatro del mundo. Todo es un truco, nos dicen. O como Gil de Biedma, nos damos cuenta de que habíamos confundido las dimensiones del teatro con el argumento de la obra. Es cierto, pero cuando nos dejamos engañar por toda esa belleza, nos creemos capaces de imaginarlo todo y de alcanzar todo lo que podamos imaginar. Y da igual que sea mentira, sólo el hecho de creerlo es suficiente, porque ya estará ocurriendo en algún rincón sináptico de alguna de nuestras neuronas, y allí será verdad.

Si la mayoría de las películas son novelas, es decir, prosa, La Grande Bellezza es poesía. Y advierto que no todos los días se está para leer poesía (y en el caso de alguna gente, eso no ocurre en toda su vida). Es un gran poema lírico colectivo, donde el protagonista ocupa el lugar de nuestros ojos. Todo adquiere mucho más sentido si hemos visto Roma, en el poético sentido de ver. Es decir, no es suficiente haber viajado allí y visitado algunos monumentos pero  podemos haberla visto sin haber pisado ninguno de sus adoquines ni cruzado el Tíber por el puente de Sant’Ángelo observado por los ángeles de Bernini.

Después está la lectura de los pseudoartistas de los proyectos inacabados. Cuánta verdad dice cuando el protagonista afirma que no ha escrito otra novela porque Roma distrae demasiado. La vida distrae demasiado.

A nuestro alrededor, a mi alrededor en concreto hay tanta belleza, tal cantidad de lugares tan mágicos como la Escalera Santa de Roma (presente en la película) que es fácil distraerse. Tan fácil que una vida completamente distraída puede no ser inútil.

Es fácil extrapolar Roma con mi ciudad, es algo que estaba pensando escena tras escena. Y cuando se acercaba el final (tranquilos, no desvelo nada), se escucha la frase “…porque las raíces son importantes” mientras, quién sabe si por serendipia o casualidad resonaban tambores de una procesión que en ese momento pasaba por la esquina de mi casa un martes santo.

Seguramente he acertado con el momento de la noche o de mi vida al verla, pero puedo afirmar que La Grande Bellezza me ha hecho pensar tanto que he empezado a escribir este comentario incluso antes de que acabara la película.

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El coaching en los avernos

Uso esa expresión en el título porque hoy me he propuesto ser políticamente correcto. Lo que me pedía el cuerpo era algo así como “el coaching al c…”. No sé, porque no estoy en esos ambientes, cómo funciona al detalle el coaching a altos niveles, ni siquiera a niveles medios o intermedios, donde hay cierto margen de maniobra. Pero lo que es a mi nivel, el también llamado coaching de equipo, me parece bastante milonga.

No son estas palabras un ataque a los coach, que los hay buenos y de verdad (también se puede aplicar a las dinámicas de grupo, a la motivación de equipos, etc.). Mi flecha apunta a esos clientes que los contratan para maquillar alguna situación o para hacer un paripé. O que intentan comprar o alquilar un liderazgo. Tengo visto y comprobado en mis propias carnes que no es líder el que quiere, sino el que puede, porque para ello es fundamental el carisma y la humildad, conceptos que no están a la venta. Casi me atrevo a decir que para ser líder hay que ser (o al menos ayuda) buena persona. Sin esa base los mejores mensajes se caen por su propio peso.

Personalmente, a mí todos esos mensajes me suenan a eco, que es lo que ocurre cuando lanzas un sonido a un vacío. Me suena a la teoría del palo y la zanahoria o, peor todavía, al dorado de píldora. Y aún por debajo de lo peor, al intento de colar la idea del “es un momento crucial, tú dalo todo, que algún día verás la recompensa… y, si sobra algo, me lo quedo yo”.

Eso me resulta familiar. Y voy a poner dos ejemplos aparentemente alejados conceptualmente y de facciones distintas y casi opuestas. Me suena al “sé bueno en este camino de lágrimas que es la vida, porque luego irás al cielo y se te recompensará…” pero también a la dictadura del proletariado, un tiempo de sufrimiento y de austeridad para que en un futuro (que nunca llega) llegar a la utopía comunista en la que todos seremos iguales y felices.

Y si todo es cuestión de confianza, ¿por qué no lo hacemos al revés:  Tú dame ahora, que yo ya te lo devolveré después.?

 

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